El Espíritu del Señor está sobre mí,
porque me ha ungido
para anunciar la buenas nueva a los pobres.
Me ha enviado a proclamar la libertad a los cautivos,
y la vista a los ciegos,
para dejar libres a los oprimidos. (Lucas 4:18-19))
Pensamos en la alegría de los ángeles y los pastores en aquella noche maravillosa en que nació el Niño Jesús. Sin embargo, el relato de la belleza de la historia de la Navidad se ve hoy empañado por las experiencias tan difíciles que viven tantas personas en el mundo actual.
En lugar de ver a los pobres con los ojos de Jesús, algunos los tildan simplemente de perezosos, sin querer trabajar o incapaces de manejar sus propios asuntos. En la mayoría de los casos, su pobreza no se debe a la pereza ni a la falta de laboriosidad. En el Sur Global (que incluye tantos aquí en Estados Unidos que son ciudadanos y blancos) no pueden competir en un mercado despiadado. Condiciones de vida insoportables o inasequibles, y/o de la guerra en sus lugares de origen obligan a millones de personas a abandonanrsus países.
Mientras escribía este artículo, esa misma mañana llegaron cuatro mujeres suplicando ayuda porque sus maridos habían sido deportados. Al faltar el principal proveedor del hogar, no tenían forma de pagar el alquiler. Una de ellas confesó a un miembro de nuestro personal que estuvo a punto de quitarse la vida, pero que la presencia de su hijo pequeño la disuadió.
Cada día llegan personas gravemente enfermas o heridas.
Además, la Patrulla Fronteriza y la Oficina de Deportación nos llamaron para pedirnos que acogiéramos a familias que necesitaban un lugar donde alojarse. Nuestros pasillos resuenan con muchos idiomas; no solo español, portugués o francés, sino también chino, tailandés y alemán.
Podemos ayudar a quienes acuden a nosotros —ofreciéndoles hospitalidad, alimentos y atención en nuestras clínicas médicas— gracias a que nuestros lectores hacen posibles estas Obras de Misericordia con sus donaciones. Sin embargo, el número de personas necesitadas es abrumador.
En los *Objetivos y Propósitos* del Movimiento del Trabajador Católico, Dorothy Day nos recordaba que la oración que Jesús nos enseñó a rezar pide: «Venga tu Reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo».
No obstante, vemos que la realidad que nos rodea no está configurada por la forma en que Jesús habló del Reino de Dios y de cómo sus seguidores podían contribuir a hacerlo realidad, sino por una visión económica que se opone a vivir conforme a la Encarnación de Dios aquí y ahora.
Es una ideologia del mundo en la que Jesús y su visión del Reinado de Dios son sustituidos por un falso ídolo: el mercado.
Manda a Lázaro: Catolicismo y las crises del neoliberalismo
Conocemos la historia bíblica de Lázaro, aquel hombre pobre cubierto de llagas que pedía limosna a la puerta de un hombre muy rico. Y conocemos el relato de Jesús sobre lo que le sucedió a ese hombre rico —quien ignoraba a los pobres— cuando más tarde se presentó ante el trono de Dios: suplicó que enviaran a Lázaro a advertir a sus hermanos para que no corrieran la misma suerte.
En su libro *Manda a Lázaro: Catolicismo y las crisis del neoliberalismo*, Matthew T. Eggemeier y Peter Joseph Fritz presentan el neoliberalismo (el modelo económico que nos afecta a todos) y el catolicismo como sistemas rivales e incompatibles.:
«El neoliberalismo tiene pretensiones de totalidad… aspira a orientar la vida entera hacia los mercados o hacia la lógica del mercado. El afán de totalidad del neoliberalismo lo sitúa en abierta contraposición con el catolicismo. La totalidad propia del catolicismo reclama todas las cosas para Cristo; el neoliberalismo reclama todas las cosas para el mercado».
El contraste con el Evangelio es tan profundo que estos autores sostienen que se puede ser neoliberal o católico, pero no ambas cosas a la vez
Los autores de *Manda a Lázaro* nos presentan la alternativa de una política de la misericordia frente a una política de sacrificio del pueblo: «El neoliberalismo devalúa a la persona humana y desprecia la creación al sacrificarlas despiadadamente ante el Mercado impersonal. Los católicos deben oponerse a este sistema promoviendo una política de la misericordia, inspirada en la creatividad de Dios, en el amor salvador de Cristo y en una espiritualidad de transformación estructural animada por el Espíritu».”
Las Obras de Misericordia re imaginadas
La propuesta de *Send Lazarus* consiste en una comprensión y puesta en práctica renovadas de las Obras de Misericordia, Re imaginadas para nuestro tiempo. «Quien comprende tanto el neoliberalismo como el catolicismo se enfrenta a una decisión entre ambos: entre el sacrificio y la misericordia, la insensibilidad y el amor, el hombre rico y Lázaro». Los autores presentan estrategias para cada una de las catorce Obras de Misericordia con el fin de abordar los problemas estructurales generados por este sistema económico.
¿Qué es el neoliberalismo y por qué se opone tanto al Reino de Dios?
Según los autores de *Manda a Lázaro*, el neoliberalismo es una mutación del capitalismo más brutal, en la que la función principal del Estado es fomentar los procesos de mercado. El gobierno debe proteger «el mercado» en lugar de a las personas. Las necesidades de los habitantes de la Tierra quedan supeditadas a las del capital. Esta doctrina de mercado se presenta como un sistema capaz de crear una utopía si se atienden sus exigencias. Se dice que la utopía neoliberal el capital (el dinero) nos salvará a todos…
El neoliberalismo se presenta como el mercado «libre», fingiendo estar a favor de un Estado reducido. Sin embargo, no es libre ni busca un Estado pequeño; depende de una intervención gubernamental masiva en favor del «Mercado» y de las grandes corporaciones. El crecimiento económico constituye el principal indicador para los países, evaluado en función de cuánto más ricos se vuelven los más acaudalados.
En esta ideología, el sentido de la tradición de la propiedad privada —siempre condicionada, según Aquino y otros, por un uso generoso y responsable de dicha propiedad— se ha transformado para representar el capital (la riqueza de unos pocos) en lugar de la tierra, las herramientas y la propiedad de uso práctico.
Los teóricos y los actores poderosos de la economía actual cambian la definición de la persona humana a la de «capital humano»: algo destinado a ser utilizado y fácilmente explotado o desechado por los gestores del mercado. A las corporaciones se les ha otorgado el estatus jurídico de «personas».
Los defensores de este modelo económico esperan que las personas velen por sí mismas, sin la protección de organizaciones laborales ni de instituciones o políticas que prioricen a la gente. Cualquier esfuerzo por atender las necesidades de la gente común es condenado mediante el uso de la palabra que empieza por «S»: socialismo.
¿Por qué algunos rechazan incluso la mención de Justicia Social?
Algunas personas que se consideran buenos católicos se burlan de la idea de la justicia social, considerándola casi un complot Comunista. Incluso aquellos que deberían seguir el Evangelio de la Misericordia y enseñar a otros a hacer lo mismo caen en el error de valorar los indicadores del mercado por encima de las enseñanzas del Señor en las Bienaventuranzas, el Sermón de la Montaña y las parábolas, percibiendo el Evangelio como algo poco práctico.
El ciudadano promedio de Estados Unidos y de otros países ricos a menudo se encuentra luchando por sobrevivir en una economía poco asequible.
Nuestros ciudadanos sí perciben que los arquitectos del sistema económico imperante se enriquecen increíblemente día tras día, mientras que a clase media y los pobres de aquí atraviesan dificultades. Sí se dan cuenta cuando, mediante tácticas brutales, personas y familias inmigrantes son detenidas, encarceladas y deportadas, o incluso asesinadas. Sí notan que los gobiernos parecen creer que su función es beneficiar a la economía, y no a sus propios ciudadanos.
La Navidad y el Reino de Dios; ¿Qué le pasa al pobre?
La celebración de la Navidad debe hacerse eco de las palabras del Señor sobre traer la Buena Nueva a los pobras, los que etán considerado “perdedores” por los ganadores del mercado.
Pero la crueldad del mercado conlleva consecuencias prácticas espantosas. Aquellos considerados «perdedores» desaparecen a través del encarcelamiento masivo, la deportación masiva, la proliferación de barrios marginales y el sinhogarismo. La destrucción del planeta se intensifica a medida que el mercado avanza. No podemos imaginar como los deportados a Haíti celebrarán la Navidad este año.
Este modelo económico ha empobrecido aún más a los pobres del mundo. Durante décadas, el poder coercitivo del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional ha garantizado que los países pobres resulten económicamente «perdedores». Para evitar el impago de los préstamos concedidos tras la Segunda Guerra Mundial, se obligó a estas naciones a aceptar nuevas condiciones crediticias. Este proceso se denominó «ajuste estructural».
Las condiciones impuestas incluían un aumento sustancial de los intereses de los préstamos ya existentes, el desmantelamiento de los sindicatos laborales y la privatización de los servicios públicos. El TLCAN (NAFTA), bajo la apariencia de crear empleo en los países pobres —pero favoreciendo en realidad a las corporaciones que se beneficiaban de la mano de obra barata—, incrementó la explotación laboral y exigió a los países aceptar productos estadounidenses que competían con los locales. La exportación de maíz estadounidense a México en el marco del TLCAN provocó el desplazamiento masivo de agricultores mexicanos; muchos de ellos emigraron a Estados Unidos en busca de trabajo.
Aquellos países que se negaron a aceptar los ajustes estructurales en beneficio de las empresas estadounidenses sufrieron intervenciones instigadas por la CIA (como en el caso de Chile, entre otros). Es
Un Pueblo Crucificado: La sabiduría profética de Ignacio Ellacuría, SJ
Este artículo surgió a raíz de un texto publicado en Theological Studies por Amirah Orozco, titulado «El Reinado del neoliberalismo y el Reino de Dios: la antropología de Ignacio Ellacuría como crítica al neoliberaismo».
Al aplicar la antropología de Ellacuría a la despiadada economía actual, Orozco demuestra que, para quienes han sido moldeados por el mercado, el concepto de pecado —especialmente el cometido contra los pobres— resulta ininteligible. «Las personas, los animales, los ríos, los árboles y demás elementos sacrificados en aras del mercado permanecen invisibles en ese panorama».
Las reflexiones de Orozco sobre el pensamiento de Ellacuría, sumadas a nuestros numerosos encuentros con inmigrantes y refugiados en Casa Juan Diego, nos ayudan a comprender por qué el papa Francisco afirmó: «¡Esta economía mata!».
Ellacuría señalaba: «Hay acciones que matan la vida (divina) y otras que la infunden; unas pertenecen al reino del pecado, otras al reino de la gracia». Él nos muestra el camino para seguir la vida divina de la Trinidad aquí en la tierra: «Lo opuesto al pecado es trabajar por una realidad histórica que se alinee con la llegada del Reino de Dios».
Orozco cita a Ellacuría respecto a lo que este denomina los pueblos crucificados de la historia: «Ellacuría afirma que una gran mayoría de la humanidad vive en condiciones derivadas de ‘un orden social que debe considerarse pecado…’ La muerte de los pobres es la muerte de Dios, la crucifixión continua del Hijo de Dios. La crucifixión, al igual que las condiciones de pobreza de una parte significativa de la población mundial, se desarrolla en el drama de la salvación como un momento de rechazo pecaminoso de Dios».
El Padre Ellacuría fue asesinado en El Salvador en 1989, junto con otros jesuitas y dos mujeres laicas. Su crítica —tanto teológica como práctica— ante la persecución y el martirio de los pobres de El Salvador y del mundo condujo a su propio martirio.
La profunda comprensión de Ignacio Ellacuría sobre Mateo 25
En su ensayo sobre el pueblo crucificado, Ellacuría se refirió a él a la luz de Mateo 25, 31-46: aquel pasaje del Evangelio sobre el Juicio Final en el que el Hijo del Hombre vendrá en su gloria para juzgar a las naciones: «Es el juicio del Reino, el juicio universal y definitivo, el que saca a la luz la verdad de Dios entre los hombres; esta verdad está en la identificación del Hijo del hombre, constituido en Rey, con los hambrientos, con los sedientos, con los peregtinos, los desnudos, con los enfermos y los presos.
«Hijo del hombre es el que sufre con los pequeños; y este Hijo del hombre, en tanto encarnado en el pueblo crucificado, el que se va a constituir en juez: el pueblo crucificado es ya juez, aunque no formule juicio teológico, en su propia existencia, y ese juicio es salvación; en cuanto descubre ,por oposición, el pecado del mundo y en cuanto posibilite rehacer lo que está mal hecho; en cuanto propone una exigencia nueva como camino eludible para conseguir la salvación.
«Se trata, no lo olvidemos, de un juicio universal en que se da sentencia sobre todo el curso de la historia. Mateo 35, 26-41 implica una visión dialética del Jesús histórico; por un lado ha sido pobre, y por otro es él que ayuda al pobre. Jesús aparece como el Hijo del hombre que sufre en los perdidos de la tierra, pero es a la vez Señor que se pone en su ayuda».
«El pueblo crucificado tiene una doble vertiente; es ls víctima del pecado del mundo y es también quien aportará la salvación al mundo». (*Mysterium Liberationis: Conceptos fundamentales de la teologia de la liberación* Vol. II. p. 215).
El Mensaje de los Papas
El Papa León XIV plantea la alternativa católica frente a la cruel realidad del neoliberalismo: El hace un llamado a denunciar las «relaciones de poder injustas» que se encuentran «en la raíz de la pobreza y la desigualdad, de la guerra y los desastres ambientales». Habla de una «idolatría» que presenta proyectos políticos o económicos como portadores del sello de la libertad, cuando en realidad están «esclavizados por ídolos y por el poder».
Mientras trabajamos por un mundo mejor, que se asemeje más al Reino de Dios, recordemos las palabras del Papa Francisco cuando evoca al Buen Samaritano y la parábola en la que Jesús, el Juez, anuncia su presencia en los más pequeños:
«El Señor te dirá: “Pero tú, ¿recuerdas aquella vez en el camino de Jerusalén a Jericó? Aquel hombre estaba medio muerto. ¿Lo recuerdas? Aquel niño hambriento era yo. ¿Lo recuerdas? Los migrantes a quienes muchos quieren expulsar: era yo. Aquellos abuelos solos, abandonados en residencias de ancianos: era yo. Aquel enfermo solo en el hospital, a quien nadie va a visitar: era yo”». (Angeles, 2016).\
Referencias:
Matthew T. Eggemeier and Peter J. Fritz, Send Lazarus: Catholicism and the Crises of Neoliberalism. Fordham University Press, 2020.
Ellacuría, SJ, and Jon Sobrino, SJ. Editores. Mysterium Liberationis: Conceptos Fundamentales de la Teología de la Liberación, San Salvador: UCA, 1993.
Amirah A. Orozco, “The Reign of Neoliberalism and the Reign of God: Ignacio Ellacuría’s Anthropology as a Critique of Neoliberalism”, Theological Studies 2026, Vol. 87(1) 76.
Mark and Louise Zwick, “Pope Benedict Insists: No Structural Adjustment Related to the Foreign Debt: But What Is It?” Houston Catholic Worker, Vol. XXVI, No. 1, January-February 2007.
De El Trabajador Católico de Houston, Vol. XLVI, No. 4, octubre-diciembre 2026.



