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Monseñor: El Último Viaje de Oscar Romero

Monseñor: The Last Journey of Oscar Romero. Una película de Ana Carrigan y Juliet Weber. Producida por El Instituto Kellogg de la Universidad de Notre Dame. En español e inglés.

Reseñada por los Editores, Marcos y Luisa Zwick

Ver el documental, Monseñor: El Último Viaje de Oscar Romero, nos trajo de vuelta a nuestra intensa experiencia en El Salvador durante el tiempo en el que Monseñor Romero se convirtió en Arzobispo de San Salvador. El documental ilustró vívidamente de nuevo para nosotros su rol profético, amoroso y de oración en medio de la creciente violencia, la represión y el terrible sufrimiento del país.

La película, realizada el pasado otoño y ahora disponible en DVD, presenta no sólo material real del Arzobispo Romero, sino también testigos que lo conocieron a él y a su amigo Rutilo Grande. Los narradores incluyen campesinos pobres, aquéllos que acompañaron al Arzobispo mientras visitaba los lugares donde la gente fue asesinada, a las familias de los desaparecidos, los abogados de derechos humanos que lo ayudaron a preparar los casos de los desaparecidos, el chofer de Monseñor, sacerdotes, monjas, catequistas, ex soldados y guerrillas. Esta historia es contada especial-mente por campesinos que inspiraron a Romero.

Como es señalado al principio de la película por una Hermana que trabajó con él, la voz de Monseñor y sus palabras fueron preservadas mientras grababa sus pensamientos y actividades diarias en una grabadora.

En el inicio de la película, los campesinos que participaron en la parroquia del P. Rutilo cuentan la historia de su llegada a la parroquia y cómo hablaba con la gente, compartiendo las Escrituras con ellos y explicándoles su significado profético.

Nos fuimos a vivir a El Salvador a principios de enero de 1977 con nuestros hijos para vivir con los pobres, aprender español, aprender la cultura, y aprender acerca del trabajo de la Iglesia Católica con los pobres. Cuando llegamos, no sabíamos que estábamos llegando a un barril de pólvora a punto de explotar. Poco tiempo después de que llegamos, la violencia intensa estalló y escuadrones de la muerte rondaban el territorio.

Teníamos una idea cuando cruzamos la frontera hacia El Salvador. Nos dijeron que sacáramos todo (nuestras pertenencias mundanas en el momento) de nuestro coche. Lo hicimos, y los militares examinando nuestras cosas estaban muy agitados al descubrir una Biblia para niños Taizé entre nuestras pertenencias. Hablaban entre ellos y parecían referirse a ella como algo subversivo.

Mientras conocíamos a los participantes de la comunidad de base organizada por el P. Bernardo Survil, el sacerdote que nos recibió en su parroquia en San Salvador, nos dimos cuenta enseguida de la tensa situación en el país. Las elecciones se llevaron a cabo enseguida de nuestra llegada, y muchos que protestaron de fraude en la elección fueron asesinados.

La gente nos advirtió sobre ORDEN, el grupo paramilitar que entregaba al gobierno y a los militares a la gente que sospechaba de ser Comunistas. Cualquiera que se estuviera organizando con los pobres o hablara acerca de mejores condiciones para el gran número de pobres, estaba en la mira.

El Arzobispo de San Salvador, Luis Chávez y González, se estaba jubilando. El 3 de febrero de 1977, se anunció que el Obispo Oscar Romero había sido designado Arzobispo. El anuncio no fue bien recibido. Un sacerdote Maryknoll nos expresó un poco de su amargura ante esta pobre decisión. El Arzobispo Romero era considerado como alguien muy tradicional, que se relacionaba solamente con un pequeño porcentaje de la gente de clase media y de clase alta del país, alguien que probablemente aban-donaría a las masas de gente pobre y su esperanza de algún cambio en sus vidas.

Como señala la película, un sacerdote que le dio la bienvenida a Oscar Romero fue el P. Rutilio Grande, SJ, quien había sido su amigo desde sus días en el seminario. El P. Rutilio había dejado su puesto docente en la universidad para trabajar con los pobres. Ahí se escandalizó  con la situación de las familias pobres.

Durante nuestra estancia en el país, el P. Bernal, un sacerdote de Colombia que tenía un programa de radio y hablaba acerca de la situación de los pobres, fue deportado. El P. Rutilio Grande celebró una Misa protestando por su deportación. En esa Misa el 13 de febrero de 1977,  el P. Rutilio criticó la actitud del gobierno, de los ricos terratenientes, y de la milicia de El Salvador de que el cristianismo era subversivo:

“Me doy perfecta cuenta que muy pronto la Biblia y el Evangelio no podrán cruzar las fronteras. Sólo nos llegarán las cubiertas, ya que todas las páginas son subversivas – -contra el pecado.. De manera que si Jesús cruza la frontera, no lo dejarán entrar.

Marcos acudió a la Misa de protesta junto con el P. Survil. Algunos días más tarde la Guardia se llevó al P. Survil y poco tiempo después fue deportado. Años después nos dijo que durante los interrogatorios en la cárcel  (donde escuchaba gente a lo lejos hablando inglés, aparentemente asesores estadounidenses) constante-mente le preguntaban que quién era ese otro gringo que estaba en la Misa, pero él no les dijo que era Marcos.

Cuando el P. Bernardo fue deportado, Marcos fue con hombres de la comunidad a visitar a Arzobispo Chavez. Mientras veía como deportaban a los sacerdotes, el arzobispo bromeaba diciendo que tendría que ordenar a Marcos como reemplazo.

Monseñor Romero fue instalado como Arzobispo de San Salvador el 22 de febrero.

El 12 de marzo, a poco más de un mes de que el P. Rutilio Grande celebrara la Misa de protesta, fue baleado con una metralleta, junto con dos personas que lo acompa-ñaban. Con ese tipo de arma, el crimen tuvo que haber sido cometido por los militares.

El asesinato del P. Rutilio tuvo un profundo efecto en Monseñor Romero. En su velorio, el Arzobispo pasó horas con mucha gente pobre. Estos eventos cambiaron significativamente su vida.

Nosotros tratamos de asistir al velorio con miembros Salvadoreños de los grupos con los que el P. Bernardo había trabajado, pero el jeep en frente de nuestro coche, que llevaba mucha gente inclu-yendo monjas, se deslizó con las gotas de un camión de azúcar de caña y se volteó. Todos fuimos al hospital para acompañarlos en lugar de continuar hacia Aguilares. El viaje al hospital estuvo lleno de miedo por el lado de los salvadoreños de que el ejército descubriera que estábamos en camino hacia el velorio.

Con la muerte de Rutilio Grande, la gente empezó a ver a un Monseñor Romero diferente del que esperaban.

El siguiente domingo de la muerte de P. Grande, el Arzobispo canceló todas las Misas de la arquidiócesis excepto una para protestar por el asesinato de Rutilo Grande. Anunció que sólo habría una Misa en la catedral de San Salvador. Fuimos a la Misa junto con la gran multitud afuera de la catedral.

Tal como aquéllos que narran los eventos en la película señalan, las ame-nazas en contra de Monseñor Romero comenzaron la misma semana de la Misa única.

En un país en donde los miembros de la jerarquía de la Iglesia habían sido cercanos a los oficiales del gobierno y a los ricos, Oscar Romero se negó a asistir a cualquier función del gobierno después de la muerte de Rutilio Grande hasta que hubiera una clarificación sobre su muerte.

Rápidamente se encontraba inmerso en los problemas de violencia, mientras católicos socialmente-conscientes eran blanco de persecución y muerte. Nosotros escuchába-mos, como todos los demás en nuestro vecindario y en toda la ciudad y el país, la estación de radio católica, donde se transmitían los sermones de Monseñor Romero. Pronto, el nuevo Arzobispo estaba anunciando en la estación de radio Católica, los nombres de las personas que fueron recogidas y encarceladas por la Guardia Nacional. Él decía que tenía que dar la noticia lo más pronto posible, antes de que la persona desapareciera permanentemente. Pudo salvar a algunas personas y sacarlas de la cárcel durante esta etapa temprana del conflicto.

Él hablaba de la gran persecución que se aproximaba. Decía que estaba llamando al Dios que llora, escuchando los lamentos de sus hijos.

Después, Monseñor se re-unió con las guerrillas que se organizaron en respuesta a la terrible represión y a las escuadrones de la muerte y trató de infundir en ellos la idea de la no violencia cristiana, pero ellos estaban convencidos de que tenían que vencer la violencia con violencia y no aceptaron sus recomendaciones.

Fue el llamamiento de Monseñor Romero a los soldados de desobedecer las órdenes de sus superiores cuando se trataban de matar a sus hermanos, lo que lo llevó a su muerte. Dijo, “Ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la Ley de Dios”.

Mon. Romero fue asesinado el 24 de marzo de 1980.

Nosotros nos fuimos de El Salvador en 1977 con nuestros hijos mientras la violencia aumentaba, dos años antes de que Monseñor Romero fuera asesinado. Vinimos a trabajar a Texas, primero en el Valle del rio Grande y luego en una parro-quia en Houston. Cuando los refugiados de El Salvador comenzaron a llegar y no tenían donde quedarse, supimos que teníamos que responder. Sabíamos que estaban huyendo de la terrible violencia y del reclutamiento forzado en el ejército o las guerrillas. Nos dijimos uno al otro que si teníamos agallas, abriríamos una casa del Trabajador Católico para refugiados de las guerras de Centroamérica, en las cuales tristemente, el gobierno de Estados Unidos estaba del lado de los gobiernos mili-tares y en contra de la gente. Empezamos la casa en Houston en 1980.

Recomendamos Monseñor: El Ultimo Viaje de Oscar Romero a nuestros lectores.

 

El Trabajador Católic0 de Houston, Vol. XXXIII, No. 3, junior-agosto 2012.