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Llegué en EEUU después de estar secuestrados, pero se llevaron a mi esposo

por L.V. Díaz

Salí de Honduras el 20 de noviembre del 2014. Inmigré a Estados Unidos buscando una vida mejor, pero en el camino me pasaron cosas muy feas.

Pasando la frontera de Guatemala a México nos asaltaron y mi y a mi esposo, quitándonos todas las pertenencias. Llegando a Tapachula, México, empezamos a trabajar porque nos dejaron sin ningún peso. Trabajando llegamos a Veracruz, México. Por el motivo de ser inmigrantes algunas personas nos daban dinero, trabajo y comida. Asi pudimos llegar a Monterrey. Pero caminamos mucho para llegar y viajamos mucho en tren. Mis pies los traía llagadas.

Cuando veníamos en el camino de Veracruz a Monterrey, la gente nos decía, tengan cuidado cuando se monten al tren o caminen por partes solas porque los malos se aprovechan o se suben al tren a asaltar o robar y a secuestrar. A muchas personas las han tirado del tren o las matan porque no tienen a ningún familiar o conocido que los apoye en los Estados Unidos. Pero gracias a Dios pudimos llegar a Monterrey y en Monterrey estuvimos aproximadamente dos meses trabajando.

El primero de mayo a mi esposo se le ocurrió que saliéramos por Piedras Negras. Estuvimos tres días agarrando el tren, pero me daba miedo porque muchas personas decían tengan cuidado porque en esos caminos violan a las mujeres. Gracias a Dios no pasó eso y llegamos a Piedras, México.

En Piedras nos atendieron muy bien en la Casa del Inmigrante. Allí estuve tres días. De Piedras se nos ocurrió salir una tarde para Morales, México, donde nos secuestraron a mi y a mi esposo. Ellos decían que tuvimos que pagar $7,000 por persona para llevarnos al destino donde nosotros queríamos en Estados Unidos y las personas mulas decían si no nos pagan el dinero les damos para abajo. Eso quería decir que nos iban a matar si no pagábamos ese dinero.

 En una madrugada, ya teníamos dos días de secuestrados, vino mi esposo y habría un hoyo en la cumbrera de la casa dividiendo la pared y la cumbrera. Ya que todos estaban dormidos, nos salimos de la casa y salimos corriendo. Aproximadamente a todo esto eran las cinco de la mañana y ellos descu-brieron que nos habíamos escapado y nos persiguieron en una camioneta. Nos apuntaban y nos habrían disparado, pero no nos alcanzaron. Llegamos a un rancho y el dueño del rancho nos escondió abajo del establo y a todo esto yo venía embarazada con cuatro meses de embarazo. El señor nos sacó el siguiente día de allí y nos enseñó el camino hacia el río Bravo.

Caminé casi hora y media para llegar al río. Pasamos por montañas para llegar al río.

Fue muy triste y duro para mi saber que tenía que cruzar el río. Yo tenía mucho miedo porque el río estaba muy hondo y tenía cuatro meses de embarazo, pero mi sueño era llegar a Estados Unidos. Cruzamos el río nadando con mi esposo y de ahí cami-namos una hora del río para adentro. No habíamos comido nada cuando migración nos rodeó.

A todo esto ya eran las dos de la tarde. Yo ya era muy cansada, porque no había comido ni bebido nada. Por el motivo de yo venir embarazada me tiraron para Houston, Texas, pero mi esposo migración lo detuvo por entrar a Estatos Unidos ilegalmente y está preso. No se nada de él.

Gracias a Dios y a la gente bueno que me brindaron la mano. Migración me vino a dejar a la iglesia católica María del Socorro. Me trataron muy bien, personas lindas. Me compraron el boleto a San Antonio, Texas, para viajar de ahí. Una señora me regaló 35 dólares porque yo le dijo que no traía dinero.

Mi destino era llegar a Houston, Texas, porque migración había mandado mis papeles para aquí donde no tenía ningún familiar ni donde nadie para dormir. La iglesia María del Socorro de Texas me mandó para la Casa Juan Diego donde me brindaron el apoyo y el amor que yo mecesitaba, porque yo venía traumada por todo lo que me había pasado.

A todo esto de Honduras tardó seis meses en el trayecto o camino para llegar aquí. Mis hijos y mi mamá muy preocupados por mi, porque no sabían nada de mi. Cuando yo le dije a mi mamá y a mis hijos que estaba en Houston, Texas, a Casa Juan Diego, ella dijo, Gracias a Dios que mi hija está bien. Le he pedido mucho por ella.

Todo lo que he hecho lo he hecho por mis hijos para que tengan una vida mejor con educación, porque en nuestro país no hay trabajo.

Gracias a Dios y a todas las personas que me han ayudado y apoyado.

El Trabajador Católico de Houston, Vol. XXXIV, No. 4, septiembre-octubre 2015.