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Documento para el Año del Jubileo de la Misericordia sacude a la Iglesia y nos recuerdan de las raíces del Movimiento del Trabajador Católico

Inmigrantes caminando con Jesús
por Angel Valdez

A nosotros, como a muchos otros, nos sorprendió cuando el Papa Francisco declaró un Año Jubilar que iniciará este otoño, el 8 de diciembre. Nos sorprendió y conmovió sobre todo cuando reveló que el tema del Año Jubilar sería la misericordia.

En la antigua tradición, en un año de Jubileo, esclavos y prisioneros debían ser liberados, las deudas serían perdonadas, tierras y posesiones serían devueltas a sus dueños, y la misericordia de Dios, sobre todo, sería puesta de manifiesto (cfr Lev 25:8-13). ¿Sería este el caso del Año Jubilar recién anunciado?

Con ansia esperábamos el documento para ver el esquema en lo referente a la celebración y el significado del Año Jubilar de la Misericordia, sabiendo del énfasis del Papa Francisco en la misericordia de Dios. Nos preguntábamos si tan sólo haría hincapié en la misericordia de Dios o si mencionaría también las obras de misericordia corporales y espirituales, las cuales han sido el centro del movimiento del Trabajador Católico.

El nuevo documento, Misericordiae Vultus, no nos decepcionó. Su lectura impacta al lector y también sacudirá a la Iglesia si este documento se toma en serio. El Santo Padre declara con claridad: “Este es un momento oportuno para cambiar nuestras vidas.”

El documento podría llegar a ser uno de esos documentos tan impactantes que sacudan a la Iglesia y transforman a sus miembros de manera radical como seguidores del Evangelio.

Las primeras frases establecen el tema: “Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre. El misterio de la fe cristiana parece encontrar su síntesis en esta palabra.  Ella se ha vuelto viva, visible y ha alcanzado su culmen en Jesús de Nazaret…”

El Papa Francisco nos pide que contemplemos el misterio de la misericordia, insistiendo en que nuestra salvación depende de ello. Él nos está dando este año para “que de un modo mucho más intenso estamos llamados a tener la mirada fija en la misericordia para poder ser también nosotros mismos signo eficaz del obrar del Padre.”

El Papa llama a la misericordia de Dios el corazón palpitante del Evangelio, e insiste en que, por su medio debe alcanzar la mente y el corazón de cada persona.

La fecha 8 de diciembre de 2015 fue escogida para el inicio del Año Jubilar porque marca el quincuagésimo aniversario de la conclusión del Concilio Vaticano II. El Pontífice cita las palabras de San Juan XXIII marcando la pauta al iniciar el Concilio: “En nuestro tiempo la Esposa de Cristo prefiere usar la medicina de la misericordia y no empuñar las armas de la severidad”.

El Papa Francisco nos recuerda la antigua tradición de entender la misericordia como una manifestación del poder de Dios. Cita a Santo Tomás de Aquino: <Es propio de Dios usar misericordia y especialmente en esto se manifiesta su omnipotencia.>   Las palabras de Santo Tomás de Aquino muestran que la misericordia divina no es en  absoluto señal de debilidad, sino más bien la cualidad de la  omnipotencia de Dios.”  Es por esto que la liturgia, en una de las colectas más antiguas, invita a orar diciendo: <Oh Dios que revelas tu omnipotencia sobre todo en la misericordia y el perdón…> ”

¿Encontraríamos a Mateo 25?

A medida que continuamos leyendo el documento con la esperanza de encontrar a Mateo 25 y las obras de misericordia corporales y espirituales detalladas, las encontramos en el número 15, donde el Papa Francisco habla de su ardiente deseo de anunciar un Año Jubilar:

“Es mi vivo deseo que el pueblo cristiano reflexione durante el Jubileo sobre las obras de misericordia corporales y  espirituales.  Será un modo para despertar nuestra conciencia, muchas veces aletargada ante el drama de la pobreza, y para entrar todavía más en el corazón del Evangelio, donde los pobres son los privilegiados de la misericordia divina.  La predicación de Jesús nos presenta estas obras de misericordia para que podamos darnos cuenta si vivimos o no como discípulos suyos.

“Redescubramos las obras de misericordia corporales: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, acoger al forastero, asistir los enfermos, visitar a los presos, enterrar a los muertos.  Y no olvidemos las obras de misericordia espirituales: dar consejo al que lo necesita, ensenar al que no sabe, corregir al que yerra, consolar al triste, perdonar las ofensas, soportar con paciencia las personas molestas, rogar a Dios por los vivos y por los difuntos.”

Recordándonos nuestro Juicio Final, Francisco hace hincapié no solo en las obras de misericordia corporales prácticas, sino también explica lo que significan las obras espirituales a nivel práctico:

por Ade Bethune

“No podemos escapar a las palabras del Señor y en base a ellas seremos juzgados: si dimos de comer al hambriento y de beber al sediento.  Si acogimos al extranjero y vestimos al desnudo.  Si dedicamos tiempo para acompañar al que estaba enfermo o prisionero (cfr Mt 25, 31-45).”

“Igualmente se nos preguntará si ayudamos a superar la duda que hace caer en el miedo y en ocasiones es fuente de soledad; si fuimos capaces de vencer la ignorancia en la que viven millones de personas, sobre todo los niños privados de la ayuda necesaria para ser rescatados de la pobreza; si fuimos capaces de ser cercanos a quien estaba solo y afligido; si perdonamos a quien nos ofendió y rechazamos cualquier forma de rencor o de odio que conduce a la violencia; si tuvimos paciencia siguiendo el ejemplo de Dios que es tan paciente con nosotros; finalmente, si encomendamos al Señor en la oración nuestros hermanos y hermanas.  En cada uno de estos “más pequeños” está presente Cristo mismo.  Su carne se hace de nuevo visible como cuerpo martirizado, llagado, flagel-ado, desnutrido, en fuga… para que nosotros lo reconozcamos, lo toquemos y lo asistamos con cuidado.”

Nos alegramos de ver de nuevo esta afirmación de la gran tradición de la Iglesia, que informó e inspiró al Trabajador Católico desde su inicio.

Dorothy Day pasó su vida poniendo en práctica Mateo 25. Si alguna vez hubo una declaración de misión del movimiento del Trabajador Católico, esto constituyó la declaración.

Los escritos de Dorothy nos recordaban que a través del gran misterio de la Encarnación, las personas en cada generación son capaces de responder a Cristo mismo a través de los pobres. Como ella dijo, “El hizo que el cielo dependiera en la manera en que nos portásemos con El en su disfráz de humanidad, común, debil, y ordinaria. “

Peter Maurin le habló a Dorothy Day (y todos los demás) sobre la Iglesia en sus inicios y cómo los cristianos llevaron a cabo las obras de misericordia a costa de su sacrificio personal, auto-entregándose en un acto de amor. El escribió más de uno de sus Ensayos Sencillos sobre el tema. Aquí está uno de los más conocidos:

A costo de un sacrificio personal

por Peter Maurin

En los primeros siglos de la

cristiandad

el hambriento fue alimentado

con un sacrificio personal,

el desnudo fue vestido

con un sacrificio personal,

el desamparado fue protegido

con un sacrificio personal.

Y porque el pobre fue

alimentado, vestido y

protegido

con un sacrificio personal,

los paganos decían de los

cristianos:

“Miren como se aman los

unos a los otros.”

Peter se dio cuenta que la práctica de las obras de misericordia implicaba más que solo recibir al Señor a través de los pobres, de vendar heridas y el símbolo del lavatorio de los pies, aunque éstas prácticas ciertamente significaron y fueron una labor y testimonio increíbles. Vislumbrando las vidas de los santos comprendió que la práctica de las obras también podría ser revolucionaria; que el vivir el Evangelio era una manera única de cambiar el orden social. Como él mismo dijo, “El orden social fue instituido por los primeros cristianos a través de la práctica diaria de las siete obras de misericordia corporales y espirituales.”

El compromiso de Dorothy por llevar a cabo las obras de misericordia corporales en los comedores populares y casas de hospitalidad es bien conocido. Menos conocida es su insistencia en llevar a cabo también las obras de misericordia espirituales.

En el Trabajador Católico de mayo de 1947 Dorothy escribió que una parte importante del programa de Peter era “llegar a las masas a través de las obras de misericordia espirituales y corporales.” Señaló que cuando hablamos de las obras de misericordia, solemos pensar en alimentar al hambriento, vestir al desnudo, y dar refugio a las personas sin hogar. Ella indicó que al proporcionar libros y revistas católicas e incluso participar en manifestaciones se llevan a cabo también muchas de las tareas que forman parte de las obras de misericordia espirituales, tales como enseñar al que no sabe y dar consejo al que duda, dar consuelo al afligido, reprender al pecador. Dorothy citó a San Pablo para respaldar el punto de vista más amplio del Trabajador Católico respecto a la práctica de las obras de la misericordia, que incluía también la participación en boicots como una forma de lograr buenos fines.

Las obras de misericordia espirituales de los Trabajadores Católicos que incluían las manifestaciones y la edición  de un periódico causaron a menudo conflicto con la cultura dominante. Su participación en el mundo y sus problemas, lo cual otros temían  hacer, provino de la perspectiva de Dios como un fuego incontenible, el fuego del amor. En su solicitud de ayuda de otoño, en noviembre de 1955, Dorothy describió su amor a Dios también en estos términos:

“El amor fraterno, que se preocupa por la libertad del otro, es lo que nos hace entrar en temas tan polémicos como los del hombre y el estado, la guerra y la paz. Las impli-caciones de las enseñanzas del Evangelio sobre las obras de misericordia nos llevan a un conflicto con los poderes de este mundo.”

“Nuestro amor a Dios es un fuego incontenible. Estamos tratando de expresar que se trata de un Dios vivo y de una fe viva. Cuando empezamos a ocupar el último lugar para lavar los pies de los demás, a amar a nuestros hermanos con ese amor ardiente, con esa pasión que lo que llevó a la cruz, es entonces cuando podemos realmente decir: “Ya he comenzado.”

Los Trabajadores Católicos no siempre fueron elogiados por su trabajo con los pobres, que equivalía a poner en práctica las obras de misericordia. La posibilidad de que esta práctica pudiera cambiar todo el orden social no fue comprendida por muchos.

Algunos observadores del movimiento criticaron a los Trabajadores Católicos por ayudar a los “indignos” pobres y exigieron que los trabajadores discriminaran más escrupulosamente entre los que merecían ayuda y aquellos que podrían ser parásitos perezosos y tramposos. Dorothy res-pondió en el Trabajador Católico de marzo de  1947 que Cristo amaba a todos los pobres, y que el orden social debía cambiar para que no sufriera tanta gente: “De hecho, es difícil ver a Cristo en los pobres que no merecen ayuda. Admitimos que siempre habrá pobres, vagos, borrachos, pecadores. Pero Cristo vino a salvarlos. Él los amó. Solamente insistimos en que no es necesario que haya tantos de ellos, los que no se sienten dignos, los de mente torcida y retorcida, los miserables, empleados y desempleados.”

Los Trabajadores sabían lo que Dorothy escribió en El Trabajador Católico, que los pobres, como individuos, estaban lejos de ser perfectos. Dorothy relató que a veces ella se desanimaba con todos los problemas prácticos en las casas de hospitalidad y cómo Peter le recordaba la importancia del amor hacia los pobres:

“Muy a menudo en el transcurso de nuestras reuniones presenté quejas y desilusiones. Peter me miraba con afecto tranquilo y en pocas palabras hablaba de los principios que formaban parte de nuestra labor, recordándome las obras de misericordia y nuestro papel como siervos, teniendo que soportar con humildad y servir con fidelidad.

“A Peter le gustaba hablar de San Vicente de Paúl. Cuando la película Monsieur Vincent salió, nos fuimos todos a verla. Las últimas líneas del santo a la joven hermana religiosa campesina fueron palabras que nunca podremos olvidar: ‘Tienes que amarlos mucho’, San Vicente dijo acerca de los pobres, ‘para que perdonen que les das el pan.’”

En su documento, el Papa Francisco presenta las parábolas de los Evangelios como ejemplos de la increíble misericordia de Dios, colocando la ayuda a los marginados de la sociedad en el centro del Año Jubilar. Él nos pide que abramos nuestros corazones y respondamos:

“En este Año Santo, podremos realizar la experiencia de abrir el corazón a cuantos viven en las más contradictorias periferias existenciales, que con frecuencia el mundo moderno dramáticamente crea. ¡Cuántas situaciones de precariedad y sufrimiento existen en el mundo hoy!  Cuántas heridas sellan la carne de muchos que no tienen voz porque su grito se ha debilitado y silenciado a causa de la indiferencia de los pueblos ricos.  En este Jubileo la Iglesia será llamada a curar aún más estas heridas, a aliviarlas con el óleo de la consolación, a vendarlas con la misericordia y a curarlas con la solidaridad y la debida atención.  No caigamos en la indiferencia que humilla, en la habitualidad que anestesia el ánimo e impide descubrir la novedad, en el cinismo que destruye.  Abramos nuestros ojos para mirar las miserias del mundo, las heridas de tantos hermanos y hermanas privados de la dignidad, y sintámonos provocados a escuchar su grito de auxilio.  Nuestras manos estrechen sus manos, y acerquémoslos a nosotros para que sientan el calor de nuestra presencia, de nuestra amistad y de la fraternidad.  Que su grito se vuelva el nuestro y juntos podamos romper la barrera de la indiferencia que suele reinar campante para esconder la hipocresía y el egoísmo! “(15)

El Papa Francisco se dirige a los confesores, pidiéndoles que proporcionen miseri-cordia, y no condenación. También habla a los católicos ordinarios a los de los movimientos, a las iglesias locales, no sólo para el próximo año, sino para la vida cristiana:

“La primera verdad de la Iglesia es el amor de Cristo… donde la Iglesia esté presente, allí debe ser evidente la misericordia del Padre. En nuestras parroquias, en las comunidades, en las asociaciones y movimientos, en fin, dondequiera que haya cristianos, cualquiera debería poder encontrar un oasis de misericordia. ”

Poniendo el tema de la misericordia en perspectiva, el Papa Francisco cita a San Juan de la Cruz, misma cita que Dorothy Day también utilizó muchas veces: “No olvidemos las palabras de San Juan de la Cruz:” <En el ocaso de nuestras vidas, seremos juzgados en el amor>.

 

El Trabajador Católico de Houston, VOl. XXXIV, No. 3, junio-agosto 2015