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Viviendo el Evangelio en Casa Juan Diego

por Angel Valdez

 

por Angel Valdez

No quiero sonar  pretencioso con este título y elevar a este sencillo escrito al nivel de aquellos hagiógrafos que escribieron los libros inspirados de nuestra Sagrada Escritura. Dios pare mi pluma y mi corazón si esa es mi intención.

Decir EVANGELIO es decir buena noticia o la misma persona portadora de esa buena noticia era conocida como Evangelio y que todo aquel que tenga oídos para oír que escuche. Hago mías esas palabras de el prologo de el evangelio de San Lucas y dedico este humilde y sentido escrito a ti, dignísimo Teófilo (Teo=Dios; Filos=Amigo) a fin de que conozcas la verdad de lo que yo aquí he visto y oído. Es paradójico que el encargado de la casa de Hombres a quien muchos le dicen Sinaloa, se llama Jesús, y es Jesús quien recibe a cada huésped en Casa.

Casa Juan Diego está localizada geográficamente en 4818 Rose, Houston Texas 77007, pero Casa Juan Diego es muchos lugares; por ejemplo,  viene a mi mente aquella cueva de Belén donde nació Jesús el Señor a quien amo y sirvo. Ese lugar que no era el indicado para que nuestro Rey y Señor viniera a nacer, pero al nacer el ahí, eso lo convierte en el mejor lugar de el mundo. Esa cueva de Belén (Casa del pan) una cueva que funcionaba como establo, un lugar sin belleza, tal vez con mal olor, incomodo e insalubre, no era el Marriot  o alguno de los espectaculares hoteles de Las Vegas, no, era una rustica cueva. Ahí es donde llegaron María y José y lo transformaron en un lugar digno hasta donde se lo permitieron sus posibilidades para que Reyes inmigrantes guiados por una estrella y pastores peregrinos avisados por Ángeles vinieran a adorar y a encontrarse con el Emmanuel. Este fue punto de encuentro donde la voluntad divina y humana encontró refugio. Había también animales, la creación entera alrededor del Creador, tristemente Dios nació entre animales porque no encontró un lugar entre los hombres. Pero no eran todos los protagonistas, también tenemos a los Herodes, aquellos buscando al niño para matarle. Que lo persiguen como lobo hambriento porque ven su posición amenazada. Que lo hacen huir, que lo acosan, y que no les importa dividir, fraccionar y matar con el fin de defender sus propios intereses.

Casa Juan Diego es también producto de un Milagro. No es difícil encontrarse a Jesús en un lugar como este. El está aquí, aquí vive, aquí llega todos los días oculto tras diferentes rostros. Se reconoce porque siempre pero siempre trae una cruz cargando, arras-trando, lo difícil es tener ojos para verlo y quererlo reconocer. Y es en este lugar donde he visto la mano de Dios multiplicando los panes para alimentar a una muchedumbre. El esfuerzo inútil del hombre que solo tiene cinco panes y dos peces, insuficiente para saciar el hambre y sed de todos los que venimos, y a Jesús transformando nuestras limitaciones en abundancia para que todos alcancen y mandándonos a recoger y cuidar lo que sobra para que nada se desperdicie. Y he visto a aquellos que solo vienen y exigen que se les de comer. Hermanos que solo buscan aprovecharse de la situación. Que repetidas veces vuelven para acaparar el pan y el pescado de los otros buscando solo su beneficio. Y como en el Evangelio, Jesús sabe que solo lo buscan para que les dé de comer ese alimento perecedero.

He visto los mismos milagros de los Evangelios. El Paralitico de Mateo 9, traído por sus amigos a los pies de Jesús para encontrar alivio,  al tullido sin fuerzas a la orilla de la puerta de las Ovejas (llamada BETHESDA en Hebreo) que comenta Juan en el capítulo 5, esperando a que el dedo de Dios tocara las aguas para meterse y encontrar alivio y se encuentra con Jesús sanándolo en día Sábado. A la Mujer Cananea de Mateo 15 humillándose para encontrar alivio a su desgracia en Jesús. Soy testigo de los diez leprosos que buscan a Jesús para que los sane. Esos leprosos que al encontrarlo le piden sanación y alivio a su situación. Obedecen el mandato de Jesús que los manda presentarse al templo y que en el camino quedaron sanos pero solo uno regresa agradecido a los pies del maestro: Un Samaritano. Eso pasa aquí, eso lo puedes ver aquí.  Los otros simplemente se van, ¿distraídos? ¿Ensi-mismados? No se, simplemente se van.

 

La Semilla de la Mostaza por Angel Valdez

¿Que es Casa Juan Diego? Casa Juan Diego se parece a la Parábola de la semilla de Mostaza (Mt. 13, 24-30), ese minúsculo grano que tomó en la mano un hombre y lo sembró y el arbusto se hizo árbol donde aves de muchos colores, formas y lugares vienen buscando refugio y se posan sobre sus ramas. Aves con distintas intenciones. Aves con distintas historias.  Algunas hacen aquí su nido, otras solamente descansan, se alimetan y retoman fuerzas para seguir su camino. Es un árbol que no tiene la fuerza del Roble, la belleza del Cedro o la majestuosidad de la Palma, es más bien un arbusto donde Dios puso su mano y su mirada para mostrarnos su grandeza.

Yo también tengo un lugar aquí. Es el del ciego de Betsaida (Marcos 8, 22-26). El ciego que le presentaron a Jesús suplicándole que lo tocase. El me tomo de mi aldea y me trajo hasta aquí, y puso saliva en mis ojos, puso sus manos traspasadas y me pregunto si veía algo y yo respondí que sí. Que veía a los hombres como si fueran arboles. Arboles que caminan, sin rostro, y sin raíces y a veces secos. Era necesario que el volviera poner sus manos sobre mis ojos para que pueda ver con claridad y ver en cada uno a un Hermano y poder ver con claridad todas las cosas.

Este es el Evangelio de la casa de Juan Diego. No es un Evangelio acabado, se sigue escribiendo. Ahora hago mías las palabras de Juan al cerrar su Evangelio:

Y pudiera seguir escribiendo todas las cosas que he visto y oído, y lo que falta por ver y oír, muchas cosas hay que seguir haciendo Jesús en este lugar, que si las escribiera una por una, me parece que no cabrían en el mundo los libros que se habrían de escribir.

Que Viva Cristo Rey