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¿Cómo empezó la Casa Juan Diego? Un viaje que nos preparó para recibir refugiados en Houston

De camino

Lo teníamos todo. O lo usual para la gente de clase media: cuatro dormitorios, tres baños, dos bebés, dos carros, dos cuentas bancarias y un buen sueldo. La gente nos respetaba en las puertas de la ciudad, como dice la Biblia. ¿Qué sería lo siguiente? Una casa de campo, un bote, o una más grande, seis dormitorios, un Mercedes, una parroquia afluente como Sta. Cecilia.

Con sospecha

Sospechamos pues que había en la vida algo más que esto. Nos unimos a un grupo de discusión a donde pertenecían judíos y cristianos cuyo fin era explorar valores más profundos y reflejarlos en nuestras vidas. Discutíamos libros de Martin Buber, Detriech Bonhoffer y Graham Greene.

Uno del grupo, un joven judío recién graduado de la escuela de leyes de Yale, nos retaba preguntándonos  qué era lo que íbamos a hacer con nuestras vidas y nuestras carreras. “¿Qué es lo siguiente?” nos preguntaba, o “ ¿y ahora qué?”, que nos recordaba la pregunta de San Alfonso Liguori: “ ¿Qué significa todo esto a la luz de la eternidad?”o a la luz de la vida.

Fue pues en este tiempo que conocimos a Willy y Louise Weaver, miembros de la Iglesia de Brethren, una iglesia pacifista. Ellos nos introdujeron a los libros de Jordan y Koinonia.

Una mayor influencia

La mayor influencia que tuvimos en este tiempo fueron los libros de Jacques Ellul, un teólogo protestante francés, quien nos recomendó el Padre Jesuita Daniel Berrigan, un amigo de la familia. Luego el Padre Tom Gilmartin de Youngstown, Ohio, quien tiene un doctorado formó un grupo con nosotros en el que discutíamos la mayoría de los libros de Ellul. Tom era el intelectual más humilde que hemos conocido. No nos hemos recuperado aún de los libros de Ellul, gracias a Dios, y su ideología todavía nos causa influencia en nuestras vidas. Peter Maurin y Dorothy Day se hubieran sentido muy cómodos con él, discutiendo dudas acerca de la sociedad tecnológica, los males de la ciudad y el activismo superficial. Nos dio gran profundidad acerca de la Encarnación, vivir en el Reino, dentro de nuestra sociedad de hoy en día, su percepción de la historia de la salvación y escatología nos enraizó nuestra fe en el Reino que ha de venir.

Oración peligrosa

 Nosotros dos comenzamos a meditar y a discutir más. Nos tomamos el riesgo, nadie nunca sabe lo que la oración, meditación y discusión lo pueda llevar a hacer. Por una parte es una forma de evitar el aburrimiento de la vida. Por otra parte evita que caigamos presas del síndrome que Dostoevsky habla cuando dice que la mayor parte de nosotros llevamos vidas de una silenciosa desesperación.

Tiempo para cambiar

Durante este tiempo, Marcos, un trabajador social psiquiátrico, trabajaba largas horas incluyendo noches y fines de semana en su grupo de emergencia de su agencia psiquiátrica. Luisa se encontraba en casa sola con los niños, que aún no iban a la escuela. Ella ayudaba en algunas escuelitas para ellos en donde se permitía la participación de padres de familia y trabajaba en algunas campañas de ese tiempo, por ejemplo lo de la Union de Campesinos. Marcos no veía a sus hijos y a Luisa el tiempo que hubiera deseado. Pero la paga era buenísima, podíamos ahorrar mucho dinero y en nuestra cultura esto era un factor primordial. Tenemos que producir suficiente dinero para comprar más y más cosas,  ahorrar para nuestro futuro y la educación de nuestros hijos. Hombres y mujeres, totalmente dedicados a sus carreras casi como si fueran sacerdotes o monjas célibes en el afán de ahorrar más y más para la familia, irónicamente participando en un proceso de destrucción de la vida familiar.

Pero no es tan sencillo

No es fácil dejar pasar oportunidades de trabajo. Un buen trabajo hace sentir a la persona muy bien acerca de sí misma. Marcos se sentía un poco triste de sólo pensar que iba a trabajar menos, no solamente por el dinero sino porque también su trabajo llenaba su compromiso profesional. Tenía una buena posición. El Dr. Hewitt Ryan, el psiquiatra que dirigía los servicios del Condado de salud mental en Modesto, California, era uno de los directores más innovadores y creativos en salud mental de los Estados Unidos. Marcos era respetado por su trabajo allí y tenía un buen futuro. Publicó artículos en revistas profesionales acerca de los programas de prevención para salud mental que estaba organizando para los pobres. Ganaba muy bien y podía ahorrar la mitad de su salario algunos meses. Era difícil argumentar con la necesidad de “ahorrar para el futuro de los niños.” Era difícil darle la espalda a esto. Un día Marcos le sugirió a Luisa que tal vez debería dejar su trabajo que le tomaba tanto tiempo lejos de su familia. Posiblemente Luisa podría también estudiar en la universidad para su maestría y luego ambos podrían trabajar medio tiempo.

Luisa casi estaba aceptada en la Universidad de California Berkley en el programa de literatura infantil y ciencia de biblioteca antes de que Marcos regresara de comprar leche de la tienda. Ella se haría bibliotecaria de niños y Marcos estaría en la casa al cuidado de los niños durante sus estudios. Y así fue.

Entonces…

Luego que Luisa terminó sus estudios, nos dedicamos a trabajar medio tiempo, lo cual era difícil de encontrar, pero Luisa insistió. Ella encontró un trabajo como bibliotecaria en investigación ya que como bibliotecaria para niños no se encontraba trabajo de medio tiempo y por la tarde ella cuidaba de los niños. Marcos era director de terapia para niños en un centro de salud mental cerca de donde Luisa trabajaba. Luisa tuvo una experiencia muy positiva en su trabajo ya que desarrolló un reporte y una colección de documentos y reportes para una compañía de investigación que preparaba estudios de impacto ambiental. Sin embargo, le molestaba la falta de profundidad o compromiso a la evaluación genuina de los peligros ambientales relacionados al temor de perder contratos.

Marcos entrenaba psiquiatras, psicólogos y trabajadores sociales para trabajar en grupos de terapia para niños. Disfrutaba de su trabajo pero a veces se detenía a pensar en la influencia tan acaparadora de los dogmas freudianos.

Nuestros ingresos bajaron a dos tercios de lo que ganábamos antes. Teníamos un pequeño apartamento de dos dormitorios. La gente pues nos tenía lástima y no les impresionábamos. Era innecesario pues sobrevivíamos muy bien con nuestro estilo sencillo de vida y aún podíamos ahorrar para los niños. Así era.

No nos oponemos a las parejas que en proceso de cambio, ahorren para el futuro, es mucho mejor que tengan dinero para cuidarse y mantenerse a que el gobierno o la Iglesia tenga que hacerlo por ellos. Aún creemos que ser independientes es necesario.

Otro grupo

En nuestro vecindario conocimos a algunas personas que se interesaron en formar otro grupo con nosotros, no solamente para leer y discutir sino también para tomar acción. Aquí es donde conocimos a los sacerdotes Larry Purcell y Dan O’Connor, quienes se integraron a la comunidad. Este grupo tenía muchísimo potencial. Crecimos en edad y sabiduría, pero nunca en realidad hicimos nada, excepto algunos esfuerzos con los trabajadores agrícolas y otros para la paz durante los dos años que nos reunimos. Pero acción no lo es todo. Estos fueron años muy productivos para nuestro crecimiento espiritual.  Fue en estos tiempos que Tom y Mella Trier se unieron a nosotros y soñábamos acerca del futuro. Tom era judío y Mella había sido criada católica.

Nuestras discusiones acerca de crecimiento espiritual fueron tomando especial significado a la luz del Éxodo mientras celebrábamos la Pascua con los Trier, sus hijos y los nuestros.

El éxodo de Tom de la Alemania nazi a la edad de 7 años en tiempos de Hitler, le vino muy a tiempo a él y a sus padres pues de quedarse los hubiesen matado. Juntos leíamos la antigua historia de la pascua judía. Tom nos contó la historia de su escape hacia la libertad y juntos cantamos canciones de pascua en hebreo y en inglés. Rogamos que la Pascua se volviera una realidad para nosotros y dimos las gracias al Señor especialmente por la pascua de Tom.

La experiencia con los Trier permanece con nosotros en nuestros sentimientos hacia los refugiados de persecuciones en cualquier país del mundo.

Raíces del Trabajador Católico

 Nuestro grupo comunitario de discusiones daba tiempo voluntario en el comedor popular del Trabajador Católico de San Francisco.

Durante este tiempo redescubrimos a Dorothy Day y el movimiento del Trabajador Católico. Dorothy nos hacía mucho sentido con su énfasis en la forma simple de vida, sirviendo a otros en el espíritu del Evangelio y el personalismo. Leímos la historia del movimiento del Trabajador Católico por William Miller.

Luisa había visitado en la casa del Trabajador Católico de Nueva York y había atendido a las reuniones de clarificación de pensamiento. También había leído libros de Dorothy Day como parte de su tarea para su conversión al catolicismo durante sus estudios en la universidad.  Marcos había conocido a Dorothy Day y el Trabajador Católico de Nueva York, así como también a Michael Harrington, quien le había dado su primera vuelta por la casa del Trabajador. Rogamos que Michael no olvidara sus raíces, lo que es una fuerte tentación para él.

Marcos también conoció al Padre Hugo, quien fue el consejero de Dorothy y la persona que le dio vida al famoso retiro del Padre Lacoutour. El Padre Hugo era considerado muy duro por muchos Trabajadores Católicos, pero era básicamente malentendido. Sospechamos que él no estaba de acuerdo con algunas personas que vivían en la casa del Trabajador y cuyas vidas no estaban perfectamente de acuerdo con las enseñanzas de la Iglesia. Sin embargo se ablandó mucho con su participación en el Movimiento Litúrgico y el adviento del Vaticano Segundo. Marcos encontró que la disciplina del retiro le fue muy útil a él como joven que era. Siempre encontró al Padre Hugo como una persona muy buena. Marcos hizo su retiro con el Padre Meenan, un amigo de Padre Hugo.

No todo está perdido

Nuestro grupo no estaba totalmente inutil. Solamente necesitábamos separarnos. Este fue un caso en el que los miembros de la comunidad serían salvados por la destrucción del grupo. El Padre Larry Purcell fundó el Trabajador Católico de Redwood City, California, para adolescentes delincuentes y sin hogar. El Padre Daniel O’Connor fundó una comunidad en San Francisco y hoy dirige otra en Vermont. Nosotros también pasamos a otra etapa.

Tiempo de decisión

Habíamos pasado por un número de grupos y habíamos leído un buen número de libros. Habíamos orado, ahorrado algún dinero y habíamos platicado con un sinnúmero de personas. Ya habíamos tenido suficiente y ya era tiempo de movernos.

Por muchos años también habíamos estado interesados en Latinoamérica, especialmente en las comunidades de base, el español y la cultura hispana. Habíamos tratado de aprender español para ayudar a las personas con quienes habiamos trabajado, pero no habíamos tenido mucho éxito.

Habíamos pensado que algún día íbamos a tomarnos un año para vivir en España cuando los niños estuviesen mayores, pero todo el mundo decía que era mejor viajar con niños antes de su adolescencia que es cuando necesitan un ambiente más estable.

Maryknoll

 Decidimos aplicar al programa laico de misioneros de Maryknoll en donde nos sometieron a tres días de un examen psicológico muy intenso. El examen incluía preguntas como: ¿Le gusta a usted arreglar flores? Ninguno de los dos lo hacemos, pero aún así lo pasamos muy bien y nos ofrecimos para ir a Venezuela, donde íbamos a ayudar con un programa de entrenamiento.

Volamos a Venezuela para la orientación, pero se presentó un problema, el sacerdote misionero con el que íbamos a trabajar había decidido convertirse en misionero laico y comenzar a salir con amigas. Maryknoll en Venezuela decía que el programa podía continuar. Maryknoll en Nueva York dijo que no. Habíamos renunciado a nuestros trabajos, lo que afligía al Padre Sullivan del programa de misioneros laicos de Maryknoll, pero estábamos listos, como una fruta madura, para ser utilizados. No queríamos esperar más tiempo después de estos años de preparación.

 El Salvador

Llamamos al Padre Rafael Friedrich, un viejo amigo, quien había permanecido un buen número de años en Centroamérica, para pedirle consejo. El nos refirió al Padre Bernardo Survil, en San Salvador, El Salvador. (El Padre Friedrich era entonces el director asociado de Maryknoll para el programa de sacerdotes diocesanos.) El Padre Survil nos dijo que nos aceptaría si nosotros pagábamos nuestros pasajes y nuestra vivienda, así es que todo lo que habíamos ahorrado para los niños nos sirvió de mucho.

Para prepararnos nos apuntamos en clases de español a todos los niveles en los colegios locales. Teníamos alguna base en lenguas: Luisa en francés y Marcos en latín e italiano, lo que nos hizo sobrevivir.

También comenzamos a comprar libros de niños de segunda mano para llevar a nuestro viaje. Tuvimos una venta enorme de todas nuestras cosas, hasta nuestras camas, así es que tuvimos que dormir en el suelo hasta el día de partida. Era un sentimiento extraño, poseer solamente un carro, dos niños y una cuenta de ahorro.

Nuestro Camino

 Nos quedamos con un carro, el cual lo llenamos con como 200 libros infantiles, dos pequeños violines y unas cuantas cosas más. Sabíamos que la vida en un país extranjero sería difícil para los niños, Jennifer y Joaquín que estaban en tercer y primer grado, pero se habían convertido en buenos lectores y por lo menos tendrían buenos libros que leer en su idioma mientras aprendían español. Luisa les había enseñado a leer en la casa antes de entrar al Kinder. Ella también tenía una base musical y les había continuado sus lecciones de música.

Teníamos muchas diferentes emociones con relación a nuestro viaje, la de irnos a otro país pero también miedo de que algo fuera mal. Nuestros familiares y amigos también estaban preocupados.

El viaje

 Empezamos nuestro viaje en enero de 1977, manejando por México y Guatemala hasta El Salvador. Sanborns, la famosa compañía de seguros en la frontera, nos ayudó mucho en cuanto a dónde comer y quedarnos. Nos dieron una guía muy completa del camino y lugares no muy caros donde nos podíamos quedar y donde nuestros estómagos aguantarían sin enfermarse.

Nuestro viaje por México fue bastante bien. Fue en Guatemala donde nos amenazaron con meternos en la cárcel porque no habíamos declarado debidamente lo que llevábamos al pasar la frontera. Pronto aprendimos que los guardias estaban de acuerdo con pagarle al juez por nosotros, cosa que ayudó mucho a Marcos en San Salvador.

En la frontera con El Salvador, tuvimos que vaciar completamente nuestro carro, que no hubiera sido difícil si hubiéramos tenido valijas, pero no las traíamos, para ahorrar espacio, así es que todas nuestras pertenencias las habíamos guardado sueltas en la cajuela del coche. Lo mismo habíamos hecho con el espacio detrás de los asientos de enfrente, que lo habíamos llenado para hacerlo cómodo para los niños. Los soldados salvadoreños nos revisaron todo.  Lo único que les molestó fueron algunos libros religiosos. Hemos de haber traído la famosa Biblia francesa de Taizé para niños.

Así llegamos a El Salvador, pero no supimos lo que nos esperaba. Poco después de nuestra llegada empezó la guerra civil.

El Trabajador Católico de Houston, octubre 1987.