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Cristo Está Presente en los Pobres: Las Obras de Misericordia en el Movimiento Trabajador Católico

Una de las ideas centrales del programa del Trabajador Católico es la vivencia de las siete Obras de Misericordia corporales y de las siete Obras de Misericordia espirituales. La práctica diaria de Obras de Misericordia recomendada por Peter Maurin, está basada en Mateo 25:31 y los versículos siguientes, así como en la tradición original de la Iglesia y en las vidas de los santos. En el Trabajador Católico esta práctica se llevó a cabo por primera vez en los anos 1930, en un momento en el que había mucha gente desempleada. Se les ofreció albergue a las personas sin hogar, en las Casas de Hospitalidad; y pan y café o sopas nutritivas a los hambrientos. Los Trabajadores Católicos entendieron las implicaciones prácticas de todas las catorce Obras de Misericordia.

En sus escritos, Dorothy Day publicó las Obras de Misericordia para que los lectores se familiarizaran con todas ellas:

“Las Obras de Misericordia Espirituales son: corregir al pecador, instruir al ignorante, aconsejar al que duda, aliviar al afligido, soportar las injurias con paciencia, perdonar todas las ofensas, y orar por los vivos y los muertos.

“Las Obras de Misericordia Corporales son darle de comer al hambriento, darle de beber al sediento, darle vestido al desnudo, rescatar al cautivo, amparar al desamparado, visitar al enfermo, y darle sepultura al muerto.”

Harry Murray explica que santo Tomás de Aquino fue quien codificó la lista que Dorothy publicó. Tomás los denominó “tradicionales”: aunque san Augustín usara una lista diferente. Para el movimiento del Trabajador Católico, las Obras de Misericordia “son manda-mientos que se deben tomar literalmente y que son tan aplicables a la sociedad tecnológica de hoy como lo fueron a la sociedad de hace dos mil años”. Muy a menudo, los Trabajadores contaban la historia de Mateo 25:31-40:

“Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, rodeado de todos sus ángeles, se sentará en el trono de gloria, que es suyo. Todas las naciones serán llevadas a su presencia, y separará a unos de otros, al igual que el pastor separa las ovejas de los chivos. Colocará a las ovejas a su derecha y a los chivos a su izquierda. Entonces el Rey dirá a los que están a su derecha: “Vengan, bendecidos de mi Padre, y tomen posesión del reino que ha sido preparado para ustedes desde el principio del mundo; porque tuve hambre y ustedes me dieron de comer, tuve sed y ustedes me dieron de beber, fui forastero y ustedes me recibieron en su casa, anduve sin ropas y me vistieron, estuve enfermo y fueron a visitarme, estuve en la carel y me fueron a ver”. Entonces, los justos dirán, “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, o sediento y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos forastero y te recibimos, o sin ropa y te vestimos? Cuando te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte? El rey responderá: “En verdad les digo que, cuando lo hicieron con alguno de los más pequeños de estos mis hermanos, me lo hicieron a mi”.

Dorothy dedicó su vida a aplicar las enseñanzas de Mateo 25. Si alguna vez existió un dogma como misión del movimiento del Trabajador Católico, fue este. A través del gran misterio de la Encarnación, personas de todas las generaciones pueden servir a Cristo mismo sirviendo a los pobres. Como Dorothy lo expresó: “El hizo que el cielo gire de acuerdo con la manera en que actuemos con El, en Su apariencia de naturaleza sencilla, débil e insignificante”.

Peter relató a Dorothy (y a todos los demás) acerca de los comienzos de la Iglesia y de cómo los cristianos hacían Obras de Misericordia como un sacrificio personal, por amor propio. Las razones para realizar Obras de Misericordia, como se expresó en el Trabajador Católico, incluyeron el testimonio que Peter publicó en un “Ensayo Fácil”, un testimonio para el mundo, acerca de todo lo que era el cristianismo:

 

En los primeros siglos del cristianismo

los hambrientos fueron alimentados

como un sacrificio personal,

los desnudos fueron vestidos

como un sacrificio personal

los que no tenían hogar eran albergado

como un sacrifico personal.

Y debido a que los pobres

eran alimentados, vestidos, y albergado

como un sacrificio personal

los paganos solían decir de los cristianos

“Vean como ellos se aman los unos a los otros”.

 

Peter se dio cuenta de que la práctica de Obras de Misericordia era más que simplemente recibir a Dios a través de los pobres, curar heridas y lavar los pies (como accion simbolica), aunque fueran parte de las Obras de Misericordia y eran una increíble obra y testimonio. Observando las vidas de los santos, él entendió que la práctica también podía ser revolucionaria, que vivir el evangelio era un método único de cambiar el orden social: Como él lo dijo, ” E l orden social fue construída por los primeros cristianos mediante la práctica diaria de las Siete Obras de Misericordia Corporales y las Siete Obras de Misericordia Espirituales.”

En Octubre de 1933, El Trabajador Católico publicó un discurso hecho por Peter Maurin. Fue publicado en esa fecha porque querían que fuera leído por los obispos y los arzobispos en la reunión de la Conferencia Nacional de Caridades Católicas en Nueva York. El tema trataba acerca de cómo uno de los primeros Concilios de la Iglesia insistió en que cada obispo creara, mediante sus parroquias, Casas de Hospitalidad:

 

Leímos en la Enciclopedia Católica

que durante las primeras eras del Cristianismo

El hospicio (o la Casa de Hospitalidad

era un albergue para los enfermos, los pobres,

los huérfanos, los ancianos, los viajeros,

y los necesitados de todo.

La decimocuarta ordenanza

del así-llamado concilio de Carthage,

que amparó cerca de 435 person

invita a los Obispos,

a crear hospicios (o Casas de Hospitalidad)

que estén vinculadas a sus iglesias.

Los Trabajadores Católicos no esperaron a los obispos para comenzar a crear Casas de Hospitalidad. Como per-sonalistas, ellos mismos las crearon- uniendo filosofía y práctica. Empezaron con el periódico El Trabajador Católico y la hospitalidad siguió a este. No había franquicia, no habia reglas, excepto el Sermón en el Monte y Mateo 25. Ellos simplemente comenzaron.

La base de la implementación de la Obras de Misericordia era el aceptar la pobreza voluntaria. Primero que todo, solia decir Peter, U no debe dar la vida misma para salvarla. La pobreza voluntaria es esencial. Todos los Trabajadores Católicos tenían que ofrecer sus trabajos como un regalo. No salarios, explicó Dorothy. Solo se deben cubrir las necesidades básicas. La idea fundamental de Peter Maurin: Acércate a la gente mediante la pobreza voluntaria (sin lujos para poder tener lo esencial) y a través de las Obras de Misericordia (ayuda mutua y una filosofía de trabajo). Dorothy percibió la falta de respeto y la crítica de llamar radicales a los Trabajadores Católicos; pero defendió sus vidas y sus trabajos a través de las palabras del Nuevo Testamento: “Aun no somos considerados respetables, aun estamos siendo combatidos y condenados como radicales. Nosotros somos seguidores del amor de Cristo. Nosotros somos débiles . Nosotros no tenemos honor . Nosotros estamos hechos como la basura de este mundo, el deshecho de todos, incluso hasta hoy en dia. Y siguiendo a San Pablo, yo sigo orando para que lo continuemos siendo…”

Los Trabajadores Católicos aprendieron de su experiencia, que la indigencia aminora a la gente y lo dificil que era para aquellos que no habían escogido su pobreza. Sobre el tema de los pobres y la indigencia, Dorothy como siempre, citó autores respetados para sustentar su posición. En este caso fue Daniel-Rops: En su libro, The Poor and Ourselves , Daniel-Rops establece claramente la diferencia entre indigencia y pobreza. Los indigentes no tienen esperanza, están relegados a un lado de la vida ordinaria, como si tuvieran una pared alrededor de ellos. Es imposible acercarse a ellos y hacer algo por ellos, excepto el ayudar a aliviar unas pocas de sus necesidades inmediatas. En el momento en que ellos empiezan a trabajar, a pensar, a leer, — sin importar si tienen dinero o trabajo, dejan de ser catalogados como indigentes.

Vivir con pobreza voluntaria no siempre fue fácil para los Trabajadores, ni aun cuando trataron de vivir con fe. Dorothy describió en El Trabajador Católico de febrero de 1940, un frio invierno en casas viejas sin calefacción apropiada, estimulando a Trabajadores y lectores con historias de santos como la del individuo que estaba tan colmado del amor de Dios que derritió la nieve que estaba a su alrededor y calentó a otros. Los Trabajadores Católicos veían a los pobres como embajadores de Dios. Los Trabajadores creían que cuando ellos atendían o lavaban los pies de una persona pobre, estaban sirviendo a Dios mismo, respondiendo asi a Mateo 25: ” Cuándo te vimos hambriento, cuándo te vimos desnudo? ” Peter escribió:

 

Lo que damos a los pobres

por amor a Dios

es lo que llevamos con nosotros cuando morimos.

Nosotros estamos temerosos

de convertir a los pobres en mendigos

porque estamos temerosos de ser pobres.

Los griegos paganos solían decir

que los pobres

” son los embajadores de los dioses. ”

Volverse pobre

es convertirse en

un embajador de Dios.

Desde el punto de vista teológico, Daniel DiDomizio describe la espiritualidad del movimiento del Trabajador Católico como ” situada en la convicción bíblica del pobre siendo una profunda revelación redimida de la presencia y gracia de Dios. ” Los Trabajadores no solo le dieron a aquellos necesitados, sino que, inclusive, recibieron más. DiDomizio reflexiona acerca de la unión entre la pobreza voluntaria y la hospitalidad en El Trabajador,, como un testimonio a la iglesia y a la sociedad:

“Para Peter Maurin, la pobreza voluntaria y la hospitalidad tenían un efecto doble: la santificación del Trabajador Católico y la transformación de la actitud de la Iglesia hacia los pobres. Ed Willock, ex-Trabajador Católico, describe a un huesped, en las palabras de Maurin, el enfoque del Trabajador Católico de ” servir a los pobres ” : ” Yo te puedo dar pan y carne y café. Si, yo te puedo dar esto– pero tú, tú me puedes dar la posibilidad de practicar la caridad Cristiana. Tú eres un embajador de Dios. Gracias. ” Willock continua, ” Contrario a las normas predominantes del servicio social, se establece que el Trabajador, el voluntario, es mas objeto de reforma que el pobre.”

Dorothy luchó por años cuestionándose acerca de la caridad (algunas veces con una actitud condescendiente) y la justicia. Estudiando el libro de Dorothy, The Eleventh Virgin , Keith Morton y John Saltmarsh hacen notar que Dorothy, (como el personaje June en el libro) ” ha rechazado, explícitamente, la caridad en su búsqueda por la justicia, y ha quedado decepcionada.” En The Long Loneliness (La larga soledad) , Dorothy escribió acerca de cómo ella y sus amigos radicales habían cuestionado esto durante su estadía en GreenwichVillage en Nueva York: ” Nuestros corazones se encendieron con el deseo de justicia y repudiaron la idea de regalar caridad La palabra caridad se había convertido en algo de lo cual no se hablaba y en algo ante lo cual uno se estremecía.” Ella escribió: ” Caridad era una palabra asfixiante. Quien quiere caridad? ” Sin embargo, siendo católica, ella concluyó que separar la justicia de la caridad era un dualismo que no generaba respuestas ni resolvía problemas.

Era la actitud filantrópica, frecuentemente confundida con la caridad de Cristo, que era tan diferente de la filosofía del Trabajador. La práctica de Obras de Misericordia hecha por el movimiento era tan diferente a la filantropía, que fue irreconocible por aquellos filántropos.

Dorothy Day frecuentemente les recordaba a otros, que no siempre era fácil realizar Obras de Misericordia y que en efecto, algunas veces podíia traer resultados desagradables a la persona que las realizaba. Ella volvió a relatar en la edición del Trabajador Católico de junio de 1956, que en un intento por cerrar una de las Casas de Hospitalidad del Trabajador Católico, las autoridades la acusaron de ser una arrendataria de tugurios. En otro articulo titulado ” El Escandalo de Obras de Misericordia, ” Dorothy compartió la triste experiencia de un lector del periódico cuyos esfuerzos por dar hospitalidad fueron recompensados con el robo de su billetera.

Ella describió estos experiencias negativas como una poda, la comparación usada en las Escrituras de una planta que debe ser podada para que crezca, y un aprendizaje doloroso”. Las Obras de Misericordia son un maravilloso estímulo para el crecimiento de nuestra fe y de nuestro amor. Nuestra fe es exigida al máximo y este esfuerzo hace que la fe crezca. Se poda una y otra vez, produciendo cosechas muy fructíferas. Para alguien que esté comenzando a vivir literalmente las palabras de los Padres de la Iglesia….siempre hay una prueba por delante. Nuestra fe, más preciosa que el oro, debe pasar la prueba de fuego”.

A pesar de estar enfrentando los retos que siempre se presentan en las Casas de Hospitalidad y en la distribución de comida a los hambrientos, los Trabajadores estaban con-scientes de que el mismo Señor era su invitado dentro de los pobres. Dorothy enfatizó: “Muy a menudo nos asustamos del pobre, del trabajador. No nos damos cuenta de que ya lo conocemos, y que también conocemos a Cristo a través de el, en la repartición del pan”.

Los Trabajadores Católicos no dudaron en enfatizar, en sus documentos, la segunda parte de la historia de Mateo del Día del Juicio, la parte que describe lo que les pasará a aquellos quienes rechacen a sus hermanos. Dorothy escribió en la edición de noviembre de 1949 sobre los pecados de omisión y las consecuencias de estos, esbozados en Mateo 25, cuando el Señor les dice a los que están a su izquierda que se vayan al fuego eterno, porque cuando él estuvo hambriento ellos no le dieron de comer, ni de beber, y cuando fue forastero no fue recibido en sus casas: “Yo pienso firmemente que nuestra salvación depende de los pobres. ‘Todas las veces que hayan dejado de alimentar al hambriento, de vestir al desnudo, de albergar al que no tiene hogar, de visitar al preso, de protestar en contra de la injusticia, de consolar al afligido, etc., lo han dejado de hacer Conmigo’. Cristo se identifica a si mismo con los pobres”.

Dorothy escribió en El Trabajador Católico de mayo de 1947 que parte importante del programa de Peter era “el llegar a las masas a través de Obras de Misericordia espirituales y corporales”. Ella anotó que cuando hablamos de Obras de Misericordia, usualmente pensamos en alimentar al hambriento, vestir al desnudo y albergar al desamparado. “Distribuir literatura católica” también incluye muchas de las tareas que involucran Obras de Misericordia espirituales, tales como instruir al ignorante y aconsejar al que duda, consolar al afligido, corregir al pecador, e inclusive participar en protestas.

Dorothy cita a San Pablo para apoyar el amplio entendimiento de la práctica de Obras de Misericordia de los Trabajadores Católicos, que inclusive acepta a los boicoteos como un método para lograr buenos resultados: “Nunca debemos olvidar que las Obras de Misericordia incluyen instruir al ignorante y corregir al pecador. San Pablo estaba promocionando un boicot cuando dijo, ‘Si alguien no obedece lo que le mandamos en esta carta, señálenlo y no tengan más trato con el, para que se avergüence. Pero no lo consideren como enemigo, sino corríjanlo como a hermano’ (II Tesalonicenses, 3)”.

Las Obras de Misericordia espirituales de demostraciones de protesta y de publicar un periódico hacían que, con frecuencia, los Trabajadores Católicos entraran en conflicto con la cultura dominante. Su vínculo con el mundo y sus problemas, donde otros podrían asustarse de andar, vinieron de la perspectiva de Dios como un fuego consumidor, el fuego del amor. En su carta pidiendo ayuda de otoño de noviembre de 1955, Dorothy también describió el amor de ellos hacia Dios, en estos términos:

“El amor de hermano, que defiende la libertad de este, es lo que nos lleva a asuntos controversiales como hombre y estado, guerra y paz. Las implicaciones de las enseñanzas del Evangelio sobre Las Obras de Misericordia, hacen que entremos en conflicto con los poderes del mundo.

“Nuestro amor a Dios es un fuego que consume. Un Dios viviente y una fe viviente, es lo que estamos tratando de expresar. Cuando comenzamos a asumir la posición más humilde, a lavar los pies de otros, a amar a nuestros hermanos con ese amor que quema, con esa pasión que conduce a la cruz, entonces podremos decir de verdad, ‘Ya he comenzado’”.

Citando a los grandes escritores de los comienzos de la Iglesia, Dorothy manifestó que las Obras de Misericordia son para todos, no solo para los Trabajadores Católicos. Indivi-duos o familias pueden hacer muchísimo. Dorothy advirtió que esposos, esposas e hijos deberían ser considerados cuando se comience a implementar a Mateo 25. Ella comentó, que de acuerdo con su experiencia, los pobres eran, especialmente, los más hospitalarios, aquellos que aparentemente tenían lo mínimo para compartir, fueron quienes abrieron sus puertas al forastero necesitado.

Algunos observadores del movimiento criticaron a los Trabajadores Católicos por ayudar a los pobres indignos y reclamaron que los Trabajadores discriminaran más escrupulosa-mente entre aquellos que merecían ayuda que entre quienes posiblemente eran parásitos perezosos y tramposos. En El Trabajador Católico de marzo de 1947, Dorothy respondió que Cristo amaba a todos los pobres, y que el orden social debía ser cambiado para que no tantos sufrieran: “De hecho es difícil ver a Cristo en el pobre que aparentemente no es digno. Admitimos que siempre va a existir el pobre, el borracho, el pecador. Pero Cristo vino a salvarlos. El los amaba. Nosotros solo insistimos en que no debe haber tantos de ellos, el degenerado, el torcido, el desgraciado, empleados y desempleados”.

En la edición de julio-agosto de 1943, en medio de la segunda guerra mundial, Dorothy orientó todas las actividades de las Obras de Misericordia al nivel más profundo de recompensas, al unir el trabajo y el sufrimiento, a los de Jesús en la cruz. Durante este año estuvo muy consciente de la destrucción causada por la guerra: “Todas las actividades del Trabajador Católico, todas las Obras de Misericordia realizadas a lo largo del país, en granjas y en casas de hospitalidad, son recompensas y prácticas de la labor de amar”.

Aunque los jóvenes afluyeron al Trabajador Católico y se interesaron en realizar Obras de Misericordia y en trabajar por la paz, no siempre era fácil encontrar gente que hiciera el trabajo básico necesario para mantener operando las Casas de Hospitalidad. Mucho más tarde, en la edición del Trabajador Católico de diciembre de 1965, en un momento en que muchos fueron atraídos al movimiento por su oposición a la Guerra en Vietnam y en el que la Casa de Hospitalidad de Nueva York estaba inundado de Trabajadores Católicos, Dorothy se lamentó de la carencia de gente para hacer el trabajo básico: “No solo todas las camas están ocupadas , de tal forma que no las podemos usar en el trabajo de la calle Chrystie, sino que también parece que estos que ya tenemos, no se dedican al cuarto de ropa ni al papeleo relacionado con las treinta o más suscripciones que llegan cada día, por estar distraídos en su interés por la paz”.

Sin embargo, allí había mucho trabajo por hacer. Dorothy dijo que Peter nunca perdió su ánimo. Ella misma siguió encontrando inspiración en La imitación de Cristo, observando con especial atención el respeto del autor por las Obras de Misericordia y por el valor de los trabajos manuales para lograr un balance en los cambios de ánimo humanos: “Tomás à Kempis dice que cuando nos estemos sintiendo tan secos como el polvo, tristes e infelices, nos ocupemos realizando Obras de Misericordia. Se por experiencia, como el limpiar la casa con buena energía, puede revivir nuestro espíritu. La labor manual que pone orden en el caos, también da serenidad al alma…”

Ubicando la hospitalidad dentro del contexto de Las Obras de Misericordia, los métodos del Trabajador Católico difieren de aquellos de las agencias sociales que ayudan a las personas sin hogar. Mientras que los trabajadores sociales, usualmente, manejan el problema de una persona sin hogar ayudándola a adaptarse a su medio ambiente, los Trabajadores Católicos cuestionaron si era preferible cambiar el medio ambiente y no la persona. Peter escribió:

 

El entrenamiento de los trabajadores sociales

los habilita para ayudar a la gente

a ajustarse a si misma

al medio ambiente existente.

El entrenamiento de los trabajadores sociales

no los habilita

para ayudar a la gente

a cambiar el medio ambiente.

En las Casas de Hospitalidad

los trabajadores sociales pueden adquirir

ese arte de contactos humanos

y esa inclinación-social

o entendimiento de fuerzas sociales

que las hará críticas

en el medio ambiente existente

y en los agentes libres creativos

de un nuevo medio ambiente.

 

Cuando en épocas de crisis trabajaron diariamente muchas horas sin recibir un pago, los Trabajadores Católicos dependieron de la gracia de Dios para todo y especialmente para la posibilidad de un cambio positivo en aquellos que asistían a las casas. Respecto a esto, Dorothy citó a uno de los sacerdotes quien había dirigido el retiro en el Trabajador Católico: “El Padre Farina dice que la única influencia verdadera que tenemos en la gente es la que logramos a través del amor sobrenatural. Esta santidad (no una piedad insolente) afecta tanto a otros que pueden salvarse gracias a ella. Aunque hemos sido visto como si estuviéramos aumen-tando la delincuencia de otros (y muchas veces se nos ha acusado de esto), podemos hacer por otros, con la gracia de Dios, lo que no puede hacer la ejecución de ninguna ley, ni lo que ningún sentido común puede lograr”.

Dorothy escribió sobre la práctica de todas las Obras de Misericordia, las cuales incluían visitar a Cristo en el prisionero y visitar al enfermo. Ella visitó a los enfermos mentales, quienes realmente eran prisioneros antes de que los medicamentos de la psiquiatría moderna fueron desarrollados. Algunas veces, encarcelada por hacer protestas y manifestaciones (instruyendo al ignorante) y por defender sus principios, Dorothy presentó a los lectores la nueva visión de que estar en la cárcel era una forma de visitar a los otros prisioneros. Después de un tiempo en la cárcel por haber protestado por los ejercicios antiaéreos en que todos estaban obligados de practicar esconderse en caso de un ataque, ella escribió en El Trabajador Católico de julio-agosto de 1955, sobre el pobre que era encarcelado por crímenes insignificantes mien-tras los ricos de cuello blanco cometen crímenes y se escapan de la cárcel gracias a la audacia de sus abogados. El gran número de pobres en la cárcel era otro caso del desprecio por los pobres:

“Que Obra de Misericordia tan olvidada, visitar al prisionero.

“¿Señor, cuándo estuviste en la cárcel, y no te visitamos?

“Es un duro escenario que Cristo presenta. El no perdonó esta ignorancia. ‘Todas las veces que dejaron de visitar a estos prisioneros, dejaron de visitarme a Mi’”.

“Pero ellos son culpables, ellos son la escoria de la tierra, ellos son el deshecho, ellos son la basura. ‘Ellos se emborrachan, se dopan, ejercen la prostitución. Ellos son viciosos por si mismos y hacen viciosos a otros. Inclusive venden droga a niños. Ellos están en el sitio que deben estar. La cárcel es muy buena para ellos. No podemos malcriarlos”.

“Yo he venido a llamarlos al arrepentimiento. He venido para estar con mesoneros y con pecadores. He venido por la oveja perdida. Yo me identifico mas con estos más miserables que con los jueces que están sentados en los puestos altos”. Esto no es sentimentalismo. Esto es la verdad.

Los Trabajadores Católicos hablaron en contra del racismo y recibieron a los pobres en sus Casas de Hospitalidad, sin importar la raza, mucho antes de que esto fuera aceptado por la sociedad en los Estados Unidos. Una casa fue clausurada y los Trabajadores arrestados, porque se encontraron blancos y negros viviendo en la misma casa. En un articulo delTrabajador Católico , de abril de 1942, Dorothy fue al fondo del asunto, respondiendo a la critica que los Trabajadores Católicos reci-bieron por hacer Obras de Misericordia: “La oposición a alimentar al hambriento y a vestir al desnudo no cesa. Se habla mucho de los pobres dignos y no dignos, de la insignificancia de tales panaceas. Y todavía nuestro Señor mismo nos presenta estas responsabilidades por hacer, en su escenario del Juicio final…”

Sin embargo, ellos también lo sabían, y Dorothy escribió en El Trabajador Católico , que los pobres, como individuos, a menudo están lejos de la perfección. Dorothy relató como algunas veces ella se descorazonó con todos los problemas funcionales en las Casas de Hospitalidad y cómo Peter le recordaba la impor-tancia del amor por los pobres:

“Durante nuestras reuniones, con frecuencia yo presentaba quejas, y me mostraba desanimada. Peter me volteaba a mirar con cariño y serenidad y en pocas palabras explicaba los principios involucrados, recor-dándome las Obras de Misericordia y la labor que tenemos, como sirvientes, de ayudar con humildad y de servir fielmente.

“A él le gustaba hablar de San Vicente de Paúl. Cuando salió la película Monseñor Vicente, todos fuimos a verla. Las últimas líneas del santo a la joven hermana campesina fueron palabras que nunca podremos olvidar: “Debes amarlos muchísimo”, Monseñor Vicente dijo acerca de los pobres, “para hacerles perdonar el pan que les diste”.

Las casas del Trabajador Católico fueron y siguen siendo centros de la antigua práctica de las Obras de Misericordia. El corazón del movimiento es Mateo 25 y el Sermón en el Monte; este no puede ser separado del misterio de los pobres y de la presencia de Cristo en ellos. Dorothy habló de la “larga y continua crucifixión” de los pobres y de la esperanza de compartir, en alguna forma, su pobreza. Como ella lo dijo en El Trabajador Católico de abril de 1964, en su meditación de Pascua: “El misterio de los pobres es este: Que ellos son Jesús, y que lo que haces por ellos lo haces por El. Es la única forma que tenemos de conocer y de creer en nuestro amor. El misterio de la pobreza es que compartiendo en ella, haciéndonos pobres a nosotros mismos dando a otros, aumentamos nuestro cono-cimiento y creencia en el amor”.

Traducidodel del libro El Movimiento Trabajador Caóo-lico: Orígenes intelectuales y espirituales (Paulist Press) por Juliana Serrano como proyecto para los Girl Scouts.