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Maltrato de obreros—camino al abuso de trabajadores y niños, incluyendo trabajadores y niños inmigrantes

Una prioridad en el movimiento del Trabajador Católico en el tiempo de los fundadores Peter Maurin y Dorothy Day fue la defensa de los trabajadores contra el maltrato y la explotación. Dorothy Day a menudo citaba la encíclica Rerum Novarum del Papa León XIII con respecto a los trabajadores que no se les pagaba, o que se les pagaba un salario de miseria por su trabajo: “Defraudar a alguién en el salario debido es un gran crimen, que llama a voces las iras vengadoras del cielo. ‘He aquí que el salario de los obreros que fue defraudado por vosotros, clama, y el clamor de ellos ha llegado a los oidos del Dios de los ejércitos.’” (R.N., n. 17).

Cuando leímos artículos hoy en día en los medios de comunicación sobre los trabjadores inmigrantes y la reforma migratoria, observamos que hay que recordarse que estamos hablando de seres humanos. Aparece que estamos otra vez en la época de la conquista española cuando la gente y los teólogos discutían si los nativos tuvieron o no tuiveron almas. O aun peor la conquista de puritanos en EUA en la cual los conquistadores ya estaban convencidos que los nativos no tuvieron almas.

El economista católico Rupert Ederer recientemente afirmó que este texto clásico de las enseñanzas sociales de la Iglesia pone a la injusticia de los salarios en la misma clase que el aborto, y en cierta forma prefiguró al aborto escogido. Reforzando la doctrina catolica del “salario justo”, Ederer enfatiza como la Iglesia Católica estaba haciendo una campaña por medio de encíclicas escritas por los papas desde León XIII hasta Juan Pablo II contra el tosco egoísmo en el orden económico desde que empezara la época de la revolución industrial bajo el patrocinio del asi llamado mercado libre, capitalismo, rudo individual-ismo, laissez-faire, etc. En su gran obra de la encíclica, Laborem Excercens , Juan Pablo II declaró que “un salario justo se convierte en todo caso en la verificación de la justicia de todo el sistema socio-económico y, de todos modos, su justo funcionamiento.”

Ederer nos recuerda que la doctrina del salario justo por lo tanto no debe ser ignorada, menospreciada, o tratada ligeramente. Representa enseñanza por el Magisterio ordinario porque es una doctrina moral.

Ederer basó la idea de la prefiguración del aborto en el hecho que “el abuso continuado del sistema salarial durante la época industrial demostró desprecio continuado por las vidas de la gran mayoría de aquellos que deben trabajar por salarios para sobrevivir.” En otras palabras, la mayoría de la gente era tratada como menos que humanos, sin valor. Esta devaluación de la persona humana estableció el fundamento de aceptar el aborto, una pr á ctica que desde los días primitivos de la Iglesia ha sido condenada por la Iglesia. Es solo una sociedad que no le da valor a cada ser humano, aunque sean pobres y humildes, que podría tolerar tal práctica.

Desprecio por los trabajadores en el siglo después de que la Rerun Novarum estuvo escrita, como manifestado en la economía contemporánea global y el tratamiento de los trabajadores indocumentados en los EUA, no ha disminuido. Los actuales salarios de $1 ó $2 ó $5 dólares diarios de salario y terribles condiciones de trabajo expuestas a la exportación de trabajo en maquiladoras en países extranjeros por las corporaciones grandísimjos está bien documentado. En los EUA algunos negocios contratan trabajadores con bajos salarios hasta que ya noles son necesarios, y luego llaman a la Inmigración para deportarlos. Otros patrones a veces no les pagan nada a sus trabajadores.

En las discusiones hoy en día sobre inmigrantes en EUA no hay reconocimiento de las contribuciones que los trabajadores inmigrantes han hecho a la economía porque trabajan más duro, largas horas y muy barato.

En la radio se puede oir decir que los inmigrantes le cuestan mucho a la economía, pero la verdad es que ellos hacen una de las contribuciones más grandes a la economía y son los responsables para sus éxitos. Además, estos trabajadores no le cuestan nada a la economía cuando están heridos y ya no pueden trabajar. Después de su herida el trabajador inmigrante no puede recibir pagos de los invalidos, Medicaid, estampillas de comida, fondos del gobierno, seguro social o programas de entrenamiento para trabajos. Nosostros sabemos que esto es verdad porque todos los hospitales de Houston nos llaman para recibir los inmigrantes enfermos o heridos porque no hay otra ayuda para ellos cuando salen del hospital.

Recordamos bien a un hombre llamado José, un huésped de nuestra casa de hospitalidad, que trabajó varios días en la instalación de alfombras. Cuando el dueño rehusó pagarle, José dijo que se cobraría con algunas de las alfombras del camión. Mientras estaba haciéndolo, el dueño del negocio de las alfombras lo golpeó hasta dejarlo totalmente ensangrentado. Cuando José salía, le dijo al dueño del negocio, “Dios te va pagar por esto!”

Poco después esa misma noche José recibió una llamada de la esposa del dueño de las alfombras. Ella quería venir inmediatamente a pagarle a José. Su marido acababa de tener un accidente serio y le pidió desde el hospital ir inmediatamente para hacer el pago. La mayoría de los trabajadores que no son pagados no tiene un fin tan dramático para terminar sus historias, pero el crimen clama al cielo por venganza.

Contrario a las enseñanzas de algunas escuelas de negocios, el trabajo de los seres humanos no es una mercancía.

Deportación de padres y maltrato de familias

Peor aun del abandono de trabajadores después que ya no puedan trabajar es la deportación de padres sin sus hijos. Recientemente hemos descubierto que tan cruel e inhumano han side las aciones de la Protección de Niños en los Estados Unidos con las familias que han sido deportado en redadas. En lugar de mandar a los niños con sus padres, incluso han decido viajar a otros países para hacer un “estudio del hogar” antes de que decidan si puedan mandar a los niños a su casa. Imagínese los trabajadores que no hablan español llegando a las casas de los pobres y humildes que muchas veces no tiene agua en sus casas,–¿permitírian que estos niños regresen a sus padres?

Quitar violentemente estos niños del pecho de sus madres tiene que ser otro de los pecados que clama a las iras vengadoras del cielo.

Necesitamos reconocer que las doce millones de personas indocumentadas presente aquí están aquí porque nuestra nación los quiere para trabajar y óbviamente estamos enamorados con su manera de trabajar. Es injusto e inmoral aprovecharnos de su trabajo y luego tratarles como si no fueran seres humanos.

Trabajador Católico de Houston, Vol. XXVII, No.4, septiembre-octubre 2007.